Esta película de terror de hace casi 10 años es una obra maestra de efectos prácticos de la vieja escuela
Esta película demuestra el impacto de los efectos prácticos al momento de crear criaturas aterradoras

En 1982, John Carpenter marcó un hito en el mundo del cine al llevar a la pantalla una producción que rompió los esquemas del género terror: La cosa. Hasta el momento, la nueva versión de La cosa (El enigma de otro mundo), estrenada en 1951, es considerada una de las películas de terror más influyentes de todos los tiempos. Aunque la impecable dirección tiene mucho que ver en ello, el éxito alcanzado se vincula a los asombrosos efectos prácticos creados por Rob Bottin, ya que, a diferencia del material original, consiguió sorprender y aterrar a la audiencia gracias a la idea de enfatizar los diseños de las criaturas en primer plano.
El efecto generado en los espectadores fue lo que motivó a Universal Studios a crear una precuela de La cosa en 2011. Por ello, se encargó de contratar a Amalgamated Dynamics (ADI), quienes asumieron la tarea de producir los efectos prácticos. Sin embargo, todo el trabajo fue tirado a la basura con el uso de CGI para cubrir el aspecto final del extraterrestre, una decisión que condujo directo al fracaso.
Frente a la frustración, ADI se dio a la tarea de desarrollar una película de terror independiente, y comienza el ambicioso proyecto denominado Harbinger Down, un verdadero tributo a The Thing, el cual se limita a utilizar efectos prácticos.
La versión de 2011 fue arruinada por sus efectos prácticos

Una película que podría haber sido mejor
Además del ambiguo final de The Thing, la versión del 2011 fue motivo de revuelo mediático en su intento fallido de recrear un clásico de todos los tiempos. La producción no solo fue destrozada por la crítica especializada, sino que apenas logró acumular 16 millones de dólares sobre un presupuesto de 38 millones de dólares.
La mayor parte del fracaso estuvo ligada a un aspecto clave: la incorrecta decisión de encubrir casi todo por CGI. De esta manera, se convirtió en una imitación mediocre del contenido inicial.
La nueva versión apostó por el impacto que generan los sobresaltos, algo imposible de aprovechar sin los elementos necesarios para generar tensión en los espectadores. A diferencia de la versión de Carpenter, el diseño de los alienígenas no causa temor, de hecho, en lugar de perturbar, las criaturas parecen tontos dibujos animados unidimensionales.
Harbinger Down demuestra la forma correcta de hacer las cosas

Harbinger Down es una clase magistral en cuanto a efectos prácticos
Está claro que el resultado alcanzado con la producción es consecuencia directa de la decisión de Universal Studios de cubrir los efectos prácticos con CGI. En este sentido, La cosa no es de esas películas de terror que sorprendentemente no son para mayores de 18 años, ya que carece de lo necesario para resultar aterradora.
Contrariamente, ADI consiguió la fórmula exacta para causar el efecto deseado. No era la primera vez que la compañía estadounidense de efectos especiales se enfrentaba a una situación similar. Lo mismo sucedió con la creación de los monstruos vampiros para la versión de I Am Legend de Ridley Scott, la cual si bien nunca llegó al fin de su desarrollo, dejó una serie de fotografías que evidencia la diferencia entre las creaciones de ADI y las que aparecen en la película protagonizada por Will Smith.
Precisamente, la frustración ante las decisiones de los grandes estudios fue lo que condujo a Alec Gillis, el fundador de ADI, a desarrollar una película de terror propia basada uso de efectos prácticos a través de una campaña de recaudación que alcanzó los 350.000 dólares.
De esta forma, Harbinger Down no solo demuestra la eficacia de los efectos prácticos como técnica frente a los CGI, sino que no es necesario un presupuesto gigantesco para alcanzar la excelencia, lo que ha abonado el camino hacia la democratización de la industria.
En definitiva, si bien los avances tecnológicos representan una gran herramienta a la hora de hacer cine, no podemos olvidar los métodos de la vieja escuela. La cosa es la prueba clara de ello, la versión basada en CGI no alcanzó lo necesario para recrear la magia original. De esta forma, queda justificada la decisión de Amalgamated Dynamics de financiar Harbinger Down, una producción que, sin duda, permite apreciar la eficacia de los efectos prácticos en el objetivo no solo de crear criaturas asquerosas, sino de evocar la esencia de lo que definió al género terror durante la década de los 80.