Propiedad digital vs. formato físico: la demanda contra Amazon que reabre el debate
¿Terminaremos volviendo al formato físico? Las plataformas de streaming tienen un problema del que nadie habla

En una era dominada por la comodidad del streaming y las descargas instantáneas, el concepto de propiedad se ha vuelto ambiguo y confuso. Creemos que al hacer clic en el botón de "comprar" en una plataforma digital, adquirimos un bien de forma perpetua. Sin embargo, una demanda colectiva contra Amazon Prime Video ha vuelto a poner sobre la mesa una incómoda realidad.
El contenido digital que pensamos poseer podría desaparecer de nuestras bibliotecas en cualquier momento, reavivando el eterno debate sobre el verdadero valor del formato físico frente a las licencias digitales.
El espejismo de la compra digital

Lo que nadie te dice de los servicios de streaming
El caso legal contra Amazon se centra en una práctica que, aunque común en la industria, resulta engañosa para muchos consumidores.
Los demandantes argumentan que el uso de la palabra "comprar" en la tienda de Prime Video induce a error, ya que se da a entender que el usuario está adquiriendo la propiedad permanente de una película o serie, de la misma forma que compraría un disco Blu-ray.
La realidad, oculta en la letra pequeña de los términos y condiciones, es muy diferente, debido a que lo que realmente se adquiere es una licencia de visualización, un permiso que la plataforma puede revocar en cualquier momento.
Esta situación se materializa cuando Amazon pierde los derechos de distribución de un título en particular. Si un estudio de cine decide no renovar su acuerdo con la plataforma, esa película puede ser eliminada del catálogo, pero el problema está en que también desaparece de las bibliotecas de los usuarios que supuestamente la habían "comprado".
Amazon se defiende afirmando que los términos de servicio advierten sobre esta posibilidad, pero aun así los demandantes sostienen que esta cláusula no se comunica de forma clara y transparente durante el proceso de compra, constituyendo una publicidad engañosa.
La fragilidad de las bibliotecas virtuales
Lo cierto es que este caso judicial no es un hecho aislado, sino el síntoma de un problema mayor en el ecosistema digital. Nuestra aparente posesión de películas, series, música o videojuegos está sujeta a los vaivenes de acuerdos comerciales y a la propia supervivencia de las plataformas.
Si una empresa como Amazon decide modificar sus políticas, o incluso si desapareciera en el futuro, las colecciones digitales que los usuarios han acumulado durante años podrían evaporarse sin dejar rastro y sin derecho a compensación.
Esta vulnerabilidad contrasta fuertemente con la seguridad que ofrece el formato físico; ya sea un libro, un vinilo o un Blu-ray, todos ellos son objetos tangibles que, una vez adquirido, pertenecen al comprador de forma incondicional. No depende de una conexión a internet, de la vigencia de una licencia o de la estabilidad de una corporación.
Se puede prestar, revender o simplemente atesorar como parte de una colección personal. Esta permanencia se ha convertido en el principal argumento de los defensores del formato físico, quienes ven en la tendencia digital una pérdida de control y derechos para el consumidor.
El futuro de la propiedad en la era del streaming
La demanda contra Amazon podría sentar un precedente importante, ya que si el tribunal falla a favor de los consumidores, las plataformas digitales podrían verse obligadas a ser mucho más explícitas sobre la naturaleza de sus transacciones.
Quizás tendrían que reemplazar el botón de "comprar" por uno que diga "licenciar" o "acceso ilimitado mientras esté disponible". Y si bien este cambio será principalmente semántico, también tendría un profundo impacto en la percepción del consumidor y podría incentivar a muchos a reconsiderar el valor de poseer una copia física.