Me he sentido como el protagonista de un anime de carreras gracias a Screamer. Primeras impresiones

En Alfa Beta ya hemos podido probar el nuevo título de Milestone que ofrece una experiencia muy distinta a cualquier otra propuesta del género

Me he sentido como el protagonista de un anime de carreras gracias a Screamer. Primeras impresiones
Publicado en Avances

Los juegos de conducción llevan décadas moviéndose entre dos polos muy claros: la simulación, que cada vez busca ser más exigente y realista, y el arcade más puro, centrado en la velocidad y en la diversión por encima de cualquier cosa. Sin embargo, en los últimos años han surgido propuestas que buscan romper esa dualidad clásica, mezclando las carreras con otros géneros, añadiendo capas de narrativa, de combate u otras mecánicas que, a priori, puede parecer que tengan poco que ver con ponerse al volante.

Es en ese terreno híbrido donde todavía se pueden encontrar apuestas con margen de innovación, y el nuevo Screamer es un buen ejemplo de ello. Este nuevo título no se centra solo en la velocidad, sino que lo combina con combate vehicular y una narrativa de inspiración anime con estructura de JRPG que lo hace muy distinto a cualquier otra propuesta.

En Alfa Beta Juega hemos tenido la oportunidad de probar por primera vez varias de sus modalidades durante una sesión de juego que nos ha permitido echar un primer vistazo a su modo historia y a distintas carreras rápidas. Todo esto para empezar a entender qué tiene para ofrecer esta propuesta sobre el asfalto.

Un JRPG de carreras que promete ser un cóctel muy interesante

Aunque, en esencia, Screamer se puede definir como un juego de conducción, hay muchos matices que impiden que se encierre en una categoría tan amplia. Es cierto que su acción se desarrolla alrededor de carreras callejeras ilegales, algo que se ha visto en muchas ocasiones, pero lo primero que lo hace diferente es cómo entra por los ojos con esa estética anime que salpica a todo el título con escenas de animación propias de una serie.

Este aspecto se intenta explotar especialmente en su modo historia, llamado The Tournament. En él, el peso narrativo es tan real que incluso en la prueba nos insistieron en que no nos saltásemos ninguna cinemática ni diálogo. De hecho, Screamer apuesta fuerte por la puesta en escena con más de media hora de cinemáticas de estilo anime producidas por el estudio japonés Polygon Pictures, que acompañan el progreso de este apartado. La estética, el diseño de pilotos y vehículos y el propio mundo refuerzan constantemente esa identidad de anime futurista, alejándose del realismo habitual del género.

Además, ese trabajo no se queda en la apariencia, porque detalles como que muchos personajes hablen en sus propios idiomas con sus respectivos acentos aporta un punto extra a su personalidad y les da más alegría a los diálogos.

A nivel jugable, y esto también afecta a las carreras rápidas, aunque el objetivo siga siendo cruzar la meta en primera posición, hay distintas mecánicas que convierten las competiciones en un enfrentamiento casi físico entre pilotos. Los vehículos incorporan el sistema Echo, un conjunto de mecánicas que introduce recursos como Sincronización y Entropía. Estos se generan y consumen durante la carrera para activar habilidades ofensivas y defensivas, de modo que la conducción no se limita a trazar bien las curvas, sino a decidir cuándo atacar, protegerse o asumir riesgos.

Con estos componentes el juego ofrece todo tipo de disciplinas, desde modalidades más tradicionales hasta otras adicionales con reglas especiales, como carreras donde las posiciones y los K.O. suman puntos para determinar al vencedor.

Una mezcla de carreras y combates donde el caos y la estrategia casi se unen

Si por fuera el título ya se desmarca de otras opciones dentro del género, lo que guarda en su interior va un paso más allá. Lo primero que me dejó claro Screamer durante los 40 minutos que lo jugué es que la cantidad de mecánicas que incorpora hace que no sea un juego sencillo.

La primera, y la más inusual, es su sistema Twin Stick, que cambia la lógica habitual del género. Aquí mientras un joystick se encarga de la dirección general del vehículo, el otro controla el derrape. Esto me complicó las primeras carreras porque me obligó a reaprender gestos muy interiorizados en cualquier jugador de títulos de coches, como que el derrape aparezca simplemente al frenar y girar. Sin embargo, una vez superada esa barrera inicial, el sistema me pareció muy divertido, especialmente a la hora de trazar curvas más largas con precisión.

El título penaliza mucho que toques muros al girar haciendo que el coche baje varias marchas, por lo que es vital evitar esos roces, aunque hagas un poco más lento la curva. El punto es que no solo tienes que medir bien la trazada para entrar en la curva o la velocidad, también debes ser preciso con el giro del joystick de derrape para mantener la trayectoria mientras giras.

Ese concepto es el primero que tuve que asimilar para seguir incorporando las mecánicas que incluye el juego, que no son pocas. Por ejemplo, el sistema de cambio de marcha semiautomático también tiene su importancia. En el velocímetro veremos como el coche se revoluciona hasta poder cambiar de marcha. Si eres tú el que hace el cambio de forma manual obtienes un pequeño aumento de velocidad. Eso sí, es una cosa más a la que estar pendiente, aunque no la más importante.

Me he sentido como el protagonista de un anime de carreras gracias a Screamer. Primeras impresiones

Puedes mejorar los turbos con este minijuego de precisión

Posiblemente el aspecto más influyente en las carreras, empatado con la conducción, es la gestión del sistema Echo. Este te otorga habilidades como escudos, turbos, impulsos con los que puedes hacer explotar al rival y demás.

Integrar todas estas posibilidades en tu forma de jugar no es fácil, aunque con la explicación que ofrece el juego te queda claro. Después de habituarte a la conducción empiezas a utilizar los aumentos de velocidad en el momento correcto, más tarde comienzas a reaccionar más rápido cuando tienes un vehículo cerca y debes activar el escudo para evitar una posible embestida que haga que explotes. Por último, eres tú quien busca hacer estallar a tus rivales.

Todo este proceso requiere un poco de tiempo. En la primera toma de contacto la experiencia puede ser ligeramente abrumadora, pero no tardas en automatizar los aspectos más básicos y empezar a centrarte en esos que requieren más precisión. Así, aprendes a elegir cuando atacar sin que signifique explotar contra un muro o a saber cuando ahorrar energía para entrar en el modo Overdrive, que te hace indestructible y te permite explotar a cualquiera que toques.

Me he sentido como el protagonista de un anime de carreras gracias a Screamer. Primeras impresiones

El modo Overdrive te hace indestructible, pero es muy arriesgado porque en cuanto desaparece eres muy vulnerable

Este surtido de opciones provoca carreras extremadamente dinámicas incluso contra la CPU, con cambios constantes y muy poco margen para relajarte. Cualquier error en la trazada, un golpe mal medido o decidir mal cuándo usar un turbo puede afectar al orden de la clasificación.

El resultado de todo este cóctel es una experiencia caótica donde siempre están ocurriendo cosas a tu alrededor. Alejándose lo máximo posible de la simulación, añade al estilo arcade mucho peso estratégico que, aunque al principio te hace sentir un poco perdido, acaba ofreciendo muchas posibilidades.

Falta poco para esta apuesta diferente del género de las carreras

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Screamer apunta a ser mucho más que un juego de coches

Screamer se lanzará el 26 de marzo de 2026 en PlayStation 5, Xbox Series X|S y PC, por lo que en poco más de un mes se podrá ver el resultado final de este título.

En esta primera toma de contacto el título me ha dejado claro que es una propuesta que puede hacerse hueco gracias a tener ideas propias que lo alejan de los grandes competidores de este género. Queda por ver si esas innovaciones se traducen en una experiencia positiva en el juego completo y su evolución a lo largo de toda la campaña, pero lo probado apunta a un título que no quiere repetir fórmulas.

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