La inquietante canción de El Exorcista casi no forma parte de la icónica película de terror

La pieza musical de Mike Oldfield llegó a El exorcista de una forma bastante particular

La inquietante canción de El Exorcista casi no forma parte de la icónica película de terror
La película de terror casi tiene un pista de sonido diferente a la que todos conocemos
Publicado en Cine

Quienes hemos visto El exorcista (1973) sabemos que es una de esas películas perfectas para ver en Halloween. Si bien parte de ello se debe a la atmósfera de tensión creada por el director y la perfecta aplicación de las técnicas utilizadas para asustar, no podemos subestimar el efecto de su distintiva pieza musical. De hecho, “Tubular Bells” supuso uno de los elementos claves en el resultado final.

¿Por qué Tubular Bells es tan especial?

Sin duda, las películas de terror brindan una mejor experiencia cuando cuentan con melodía temática. Aunque actualmente los productores prestan mayor atención al apartado musical, la elección de la banda sonora siempre ha sido una preocupación para los directores.

En el caso de El exorcista, William Friedkin no tuvo que esforzarse demasiado, el álbum de Mike Oldfield tocó a su puerta. El disco contaba con apenas dos canciones: "Tubular Bells, Part One" y "Tubular Bells, Part Two". En ambas canciones se siente el estilo excéntrico y ortodoxo de Mike Oldfield, así como el sonar de un auténtico desfile de instrumentos musicales.

Aunque la primera parte tiene una duración de 23 minutos, en la película solo se utilizan 17 minutos de reproducción, los cuales son suficientes para lograr su cometido. De forma natural, la melodía incrementa el nivel de tensión y pone al espectador al filo del asiento.

El sonido de los pianos sirven de introducción a la sucesión de líneas de bajo largas y los graves, para generar una pieza musical que potencia el halo de misterio que impera en las escenas, haciendo mucho más desconcertante la atmósfera.

La banda sonora de El exorcista estaba a cargo de Lalo Schifrin

A pesar de que William Friedkin supo utilizar muy bien Tubular Bells, esta no era la elección inicial. El director escuchó la canción de forma casual y quedó enganchado a su melodía. Desafortunadamente, el lanzamiento del álbum era de etiqueta blanca, lo que complicó un poco la tarea de identificar el disco.

Al principio Friedkin designó a Lalo Schifrin como el encargado de darle música a su proyecto, pero la propuesta del compositor no cumplió sus expectativas. De esta manera, Tubular Bells cayó como enviada del cielo. Desde su punto de vista, la canción ideal debía tener un estilo infantil, un efecto que se logró gracias a la “Canción de cuna” de Brahams.

En este sentido, Friedkin acudió al director de Warner para resolver su disyuntiva. Después de un exhaustivo proceso de comparación en el que se midieron varias propuestas, Tubular Bells se consolidó como el demo ganador. Solo con escuchar su estribillo, los presentes en la reunión supieron inmediatamente que era sonido perfecto para la historia. A partir de ese momento, el siguiente paso fue luchar por los derechos de la canción.

La elección de Friedkin ayudó al autor a vender cerca de 20 millones de discos. Asimismo, le dio al tema la relevancia suficiente para ser incluida en El exorcista: Creyente (2023).

Todo resultó bien al final

El exorcista

El exorcista se convirtió en una de las películas más terroríficas de la historia

Por fortuna, para los espectadores, Friedkin tomó la decisión correcta. La elección de Tubular Bells es uno de sus más grandes aciertos, así como la manera en la que la incluyó dentro de la película. Escuchar la melodía encendía las alarmas, ya que era un indicativo de que algo estaba por pasar.

En la primera secuencia donde se introdujo el fragmento de la canción señala que Chris está a punto de toparse con el verdadero horror, mientras que en la segunda oportunidad, sirve para reforzar el efecto que la película genera sobre la mente humana. Para muchos, la apuesta del director de colocar Tubular Bells durante los créditos aumenta la sensación de inquietud del público mientras abandonaban las salas de cine o apagaban el televisor.

Definitivamente, resulta casi imposibles pensar en El exorcista sin la inclusión de “Tubular Bells”. De esta manera, agradecemos el interés de Friedkin de obtener los derechos de la canción, una vez que llegó a sus manos. Después de todo, aunque solo la escuchamos en dos oportunidades durante el desarrollo de la película, no cabe duda que la pieza musical es uno de sus elementos más emblemáticos.

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