Científicos encuentran células cerebrales humanas capaces de jugar a Pong

DishBrain podría ser el primer ejemplo de un pequeño cerebro que puede aprender diferentes habilidades, entre ellas, el juego.

Científicos encuentran células cerebrales humanas capaces de jugar a Pong

El cerebro humano es fascinante y aunque no se ha descubierto del todo hasta dónde puede llegar, los constantes estudios que realizan los expertos nos demuestran que está lleno de secretos.

Cada vez los experimentos que buscan comprender los relieves de la inteligencia o ciertas habilidades cognitivas son más complejos y, a medida que la ciencia y la tecnología avanzan, los investigadores llegan a conclusiones más esclarecedoras acerca de la naturaleza humana. Pero eso sí, nunca dejan de sorprendernos; y, muy seguramente, en el futuro seguiremos encontrando más y más detalles interesantes acerca de nuestra propia anatomía. Así pues, lo que nos ocupa el día de hoy, ha dejado perplejos a muchos.

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Las células tienen la capacidad de regenerarse, establecer conexiones y aprender.

Las células tienen capacidades muy particulares

Recientemente, los investigadores de una empresa de biotecnología llamada Cortical Labs han hecho crecer un cultivo de células cerebrales en un laboratorio, sin embargo, lo increíble es que estas han aprendido a jugar una versión de Pong, gracias a que el equipo les brindó dichos conocimientos. Los científicos afirman que este es el primer ejemplo demostrado de una especie de "minicerebro" al que se le ha podido enseñar a realizar tareas con un objetivo específico. El mencionado 'minicerebro' "(...) es capaz de recibir información de una fuente externa, procesarla y responder a ella en tiempo real" explicó a la BBC el Dr. Brett Kagan -autor principal de un artículo publicado en Neuron acerca de esta investigación-, durante una entrevista.

Para comprender mejor, cabría mencionar que el cultivo constó de 800.000 células cerebrales a las que se les otorgó el nombre de "DishBrain". Mientras tanto, los investigadores colocaron células de ratón (derivadas de cerebros embrionarios) y células humanas extraídas de células madre arriba de una matriz de electrodos a los que se encontraba conectado el Pong, tal y como ha sido señalado por los expertos.

A través de impulsos eléctricos, la información sobre la posición de la pelota en el juego era enviada a las neuronas. Posteriormente, la matriz se encargaba de mover la paleta hacia arriba y hacia abajo basándose en las señales de las neuronas. El DishBrain recibía una señal de retroalimentación sólida y fuerte (a partir de los estímulos externos) una vez que la paleta golpeaba la pelota, siendo aleatoria y con un pulso corto si fallaba.

En este sentido, los científicos que consideraron que el cultivo es demasiado primivito para tener conciencia, observaron que el DishBrain mostraba signos de "aprendizaje aparente a los cinco minutos de juego en tiempo real que no se observaban en las condiciones de control". Tras haber jugado al Pong alrededor de 20 minutos, el cultivo fue mejorando sus habilidades para el juego. Esto significa que durante dicho proceso las células se estaban reorganizado, desarrollando sus propias redes de conexión y, por tanto, aprendiendo.

"Cambiaron su actividad de un modo muy coherente con que se comporten realmente como un sistema dinámico", comentó Kagan. "Por ejemplo, la capacidad de las neuronas para cambiar y adaptar su actividad como resultado de la experiencia aumenta con el tiempo, lo que es coherente con lo que vemos con el ritmo de aprendizaje de las células".

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El juego de Pong pudo ser aprendido por células.

El futuro para DishBrain

Para fortuna de los científicos, la investigación arrojó resultados satisfactorios, por lo que en el futuro seguirán experimentando con DishBrain. Sólo que ahora se enfocarán en estudiar cómo afectan los medicamentos y el alcohol a la capacidad del cultivo para jugar al Pong -esto con el objetivo de comprobar si se trata de una especie de sustituto de un cerebro humano-. Por su parte, Kagan tiene grandes expectativas para Dishbrain -e incluso versiones más evolucionadas de él-, sobre todo porque espera que se pueda utilizan en tratamientos para enfermedades como el Alzheimer.

Entre tanto, algunos investigadores de la Universidad de Stanford cultivaron células madre en tejido cerebral humano, que fueron trasplantadas a ratas recién nacidas. A estos se les llamó "organoides cerebrales" para, posteriormente, ser integrados en el cerebro de los roedores. Y, después de unos meses, los científicos pudieron percatarse de que el cultivo no sólo había exitoso, sino que se propagó en los hemisferios cerebrales de las ratas, representando un tercio de ellos.

En este sentido, la mejor parte de haber descubierto la capacidad de las neuronas para aprender es que los organoides podrían ser utilizados para estudiar más de cerca los trastornos neurodegenerativos e incluso para probar fármacos destinados a tratar enfermedades neuropsiquiátricas.

Aunque, claro, cabe la posibilidad de que los defectos genéticos tengan su incidencia en estos trasplantes, pero no lo sabremos hasta que, en el futuro, los científicos se aseguren de todos estos pormenores.

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